Cada movimiento en el puente tenía a todos nosotros bajo el puente con el corazón en la mano. La cara de Marcos estaba tan oscura que era inaceptable, sostenía su puño con fuerza. Y los policías que usaban las puertas de los coches como escudos a mi lado estaban todos preparados, con miradas furiosas, esperando el momento adecuado.
A pesar de que todos nosotros estábamos ansiosos, la situación en ese momento nos dejaba impotentes.
Vi a Patricio dar dos pasos hacia adelante nuevamente y al siguie