Cuando Raúl entró en la habitación, ya había preparado el café y lo miré con calma. Era un hombre refinado, con una mirada que revelaba la sabiduría y la experiencia que los años le habían otorgado.
Él me miró sin sorpresa, solo sonrió ligeramente y dijo: —¡Hola, ya nos hemos encontrado antes!
También mantuve mi compostura y asentí, poniéndome de pie. —Sí, nos hemos encontrado antes. Soy la mejor amiga de Ivanna, ¡me llamo María Lara!
—¡Ella mencionó tu nombre! —su tranquilidad me hizo sentir un