No estaba segura si Hernán había comprendido mi idea o si mis palabras lo habían impactado profundamente, pero dejó de llorar abruptamente y cayó en un profundo silencio, reflexionando.
Observé su expresión de desconcierto y preocupación. Me pregunté si mis palabras habían agregado una carga aún mayor a su ya abrumada mente.
Después de todo, la serie de golpes que había recibido era, en efecto, devastadora.
A pesar de mi enojo hacia él, recordé que en ese momento Hernán también era vulnerable.
I