Cuando llegó la comida, Ivanna nos llamó para que fuéramos a comer.
—¡Apúrate, María! No importa cuán grande sea el problema, necesitas llenar el estómago para tener la energía para resolverlo. ¿Qué pasó contigo? ¿No te he visto en unos días y ya pareces un rayo?— bromeó Ivanna.
Hernán me miró furtivamente y me sirvió un poco de comida.
—Hernán, necesitas encontrar una solución. Si esto continúa así, no solo María sufrirá las consecuencias, también la empresa. Los negocios deben seguir adelante—