Contuve la respiración y lo miré. Los ojos de Álvaro todavía estaban fijos en la pantalla de la tableta, donde los gritos de agonía continuaban.
Álvaro, derrotado, se sentó en el suelo, todavía en estado de shock, y miró a Patricio, revelando una dirección.
Patricio miró a Marcos, quien inmediatamente se giró y salió.
En ese momento, Álvaro parecía completamente abatido, sin un ápice de energía, murmurando para sí mismo: —Me merezco este destino, le fallé al señor Álvarez, traicioné su confianza