Un grito aterrador resonó, y me enderecé de golpe. Un brazo me rodeó con fuerza: —… María, no tengas miedo...
Respiré agitadamente y abrí los ojos de par en par, mirando esos rasgos delicados frente a mí. Miré hacia él con el corazón aún latiendo con fuerza y murmuré: — Patricio… un coche chocó contra nosotras, salí volando por la ventana...
Sus ojos se clavaron firmemente en los míos: —María, ¿recuerdas algo, verdad?
Lo miré perpleja, sin saber cómo responder, cuando lo que acababa de pasar fue