Eran el sr. Rodríguez y el señor que me llevó al hospital.
Nos estabamos mirando, el sr. Rodríguez y yo. Después de 4 años sin verle, sus cabellos encanecieron por completo y había perdido mucho peso.
Me estuvo mirando durante un buen rato, y luego me señaló diciendo: —¡Es usted de verdad, sra. Lara!
—Sr. Rodríguez, sí, soy María Lara, ¡cuanto tiempo! —ahora me daba vergüenza de mi situación.
—¡Túmbese, por favor!— El sr. Rodríguez se me acercó rápidamente y Patricio se levantó al mismo tiempo p