Entonces, me di cuenta de que Patricio salía de la habitación y oí que alguien hablaba por la puerta, seguido de un portazo y de alguien que volvía a entrar.
—¿No te sientes sofocada? —resonó nuevamente la voz de Patricio. Al cabo de un rato, me resultó difícil respirar y, con cautela, abrí las sábanas para encontrar que me observaba con una sonrisa radiante que le daba un aspecto sorprendentemente atractivo.
¿Era este el mismo Patricio tan serio y distante que yo conocía?
Al verme mirándolo ató