Antes de dormir, llamé a Patricio. Me contó que Valeria estaba estable, lo que me tranquilizó un poco. Ahora podía acostarme en paz, todo gracias a Valeria, que me salvó, pero ella sufría en el hospital.
La culpa me atormentaba y me impedía dormir.
¡Todo lo sucedido se me venía a la mente una y otra vez! Finalmente llegó el amanecer con ojeras profundas, tomé una ducha rápida con agua tibia y, bajo la insistencia de tres ancianas, comí algo antes de ir al hospital.
Para mi sorpresa, Valeria acab