Giré hacia la dirección de la voz y, para mi sorpresa, era Ricardo.
Me apresuré a acercarme a él con una sonrisa, lo cual también era una oportunidad perfecta para evitar una situación incómoda con Patricia.
—¡Señor Tamayo!
—¡Felicitaciones!— dijo Ricardo con una sonrisa. Pensé que sus felicitaciones eran más un gesto de cortesía hacia Patricio, ya que como máxima autoridad de la ciudad Fluvial, no era habitual que felicitara a alguien como yo.
Respondí con humildad: —¡Gracias!
—Leí el artículo