La cara del hombre se volvió sombría, su aura gélida y clara hizo que la gente retrocediera.
—… Pa... ¡señor Alvarez! ¿Cómo... por qué estás aquí? —las manos de Lucía se apretaron repentinamente, sus ojos miraron nerviosos a Patricio, cuya presencia era excepcionalmente fría.
—Entonces, señorita Montes, ¿puedes decirme dónde debería estar? —Patricio habló y ya estaba junto al sofá, sentándose a mi lado. Con una cara que encantaría a cualquiera, inclinó la cabeza de manera excepcionalmente sombrí