Ese día, Dulcita le preguntó si seguiría maltratando a su madre, estaba segura de que nunca lo olvidó.
Como esperaba, el rostro de Sonia se volvió pálido, incapaz de articular palabra.
—Y por favor, no vuelvas a decir que esta casa pertenece a la familia Cintas. Sin mi intervención, nunca hubieran podido comprarla. El hecho de que no haya reclamado la casa donde vives ya es un acto de benevolencia de mi parte.
—Si te comportas bien, sigues siendo la abuela de Dulcita. Pero si vienes a causar pro