Cuando mi mirada se fijó en la pantalla del teléfono de Josh, mis ojos se abrieron de par en par.
La foto era muy clara. En ella había dos niños, un niño y una niña, ambos de unos diez años, con rasgos claramente visibles.
Mi atención fue capturada por el rostro de la niña. Era una cara joven, pero claramente hermosa. Sus ojos negros y brillantes, labios finos ligeramente arqueados hacia arriba, y lo más destacado: cuando sonreía, se formaba un pequeño hoyuelo en su mejilla, dándole un aspecto j