Él bajó la mirada hacia mí, sin responder.
—¿Realmente eras tú? ¿Por qué no entraste? ¿Cómo pasaste este festival? ¿En el extranjero o en Ciudad Fluvial? ¿Estabas solo?… —mis preguntas salían de mi boca como una ráfaga de disparos.
—¿Ahora te acuerdas de hacer estas preguntas? ¿No crees que es un poco tarde? —su tono llevaba un toque de enojo.
Instantáneamente, me sentí mal, las lágrimas brotaron de mis ojos. —¿No era tú quien difundió rumores por todas partes? ¿Cómo puedo saber qué es verdad y