Lo primero que apareció ante mis ojos fue nada menos que Hernán, quien había estado ausente durante mucho tiempo.
Apenas había estacionado mi coche en el estacionamiento subterráneo de la empresa cuando Hernán, vestido elegantemente, surgió frente a mi vehículo.
Su sonrisa era muy amable, incluso extendió la mano para abrir la puerta del coche, diciendo: —¡María!
Honestamente, he estado bastante a gusto últimamente, como si hubiera olvidado por completo la existencia de Hernán. Esa sensación de