Hernán siguió hablando sin vergüenza: —Si trabajamos juntos, seguramente tendremos éxito en nuestro negocio. En ese momento, podremos convertirnos en los amos del mercado de materiales de construcción en la Ciudad Fluvial, ¿no crees?
—¡Sigue soñando despierto! ¡Canalla! En esta vida, no vuelvas a pensar en tener alguna relación conmigo. Eres despreciable. Dios te castigará.
Estaba furiosa, levanté bruscamente a Dulcita y me puse de pie de un tirón. Miré hacia él y le dije: —¡La próxima vez que q