Me acerqué a él sin pensarlo dos veces, respondiendo a su llamado. Esa sensación de ser amada, necesitada y acariciada me volvía un poco loca, como si hubiera estado reprimida por mucho tiempo.
En mi mente resonaba su última frase. En ese momento, solo quería liberarme de estas ataduras y confusiones, permitirme un momento de indulgencia y seguir mi corazón sin dar excusas para escapar.
La imagen de Hernán y Sofía enredados en mi cabeza me estimulaba, no podía controlarme. También quería sentir