Cuando Carlota llegó a casa de Astrid, ella estaba sentada en una silla junto al balcón, tomando el sol, observando a la gente que transitaba por la calle.
Inesperadamente, cuando se abrió la puerta, ella entró con un objeto grande.
—¿Qué es eso?
—Ah, eso es un regalo para ti.
—¿No habías dicho que era un perfume? ¿Es una botella tan grande? —Astrid se rio.
Carlota negó con la cabeza y puso el paquete sobre la mesa junto a ella y dijo misteriosamente —También hay un perfume. Pero, hay un regalo