Bebí hasta la última gota de leche, sintiendo que mi estómago se contraía.
- Saca las tortitas de aquí, Min-ji ... Por favor. preguntó Calissa.
Min-ji tomó la bandeja y me miró. Entonces le preguntó a mi madre:
- Señora... ¿Hasta cuándo durará su furia?
- Hasta hoy – aseguró Calissa, mientras me acostaba – O lo detiene o me voy de esta casa, junto con mis hijas.
La miré, confundido, sin decir nada, aún sintiendo el escozor, aunque más débil.
- Sí, fue tu padre quien lo hizo. Juro que traté de e