Cap. 64: No existen pruebas.
María Elena estaba sentada en una pequeña sala de interrogatorios de la delegación, con los brazos cruzados y la expresión serena, aunque su interior estaba lleno de indignación. Sabía perfectamente cómo debía manejar la situación: no hablaría ni respondería preguntas sin la presencia de su abogado. Sin embargo, cuando la puerta se abrió y Elliot Grant entró, su postura cambió ligeramente.
El fiscal caminó hacia ella con una expresión que mezclaba profesionalismo y una pizca de interés personal