95. No sé puede ignorar
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Isabel miraba a Callum asombrada por verlo allí y sobre todo por las cosas que le trajo, nunca nadie había sido tan detallista con ella como para recordar ese tipo de detalles de sus gustos.
—¿Te acuerdas de eso? —preguntó en voz baja, tomando la caja entre sus manos como si fuera un tesoro. Podía sentir sus mejillas rojas y como las mariposas revoloteaban en su vientre.
Callum se encogió de hombros restándole importancia, pero evitó mirarla a los ojos.
—No es algo que se olvide fácilmen