292. Mansión en llamas
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Brigitte sentía una ansiedad creciente que no la dejaba en paz. Había esperado tanto tiempo para escuchar la voz de su hijo, para saber que estaba bien, que su mente no paraba de formular escenarios en los que algo había salido mal.
—Anthony, ¿qué esperas? —murmuró con impaciencia, con la voz aún algo áspera por la falta de uso.
Anthony Hawks asintió y sacó un celular satelital de su bolsillo. Era la única forma segura de comunicarse con Maximiliano.
Marcó el número y esperó. El silencio