290. En llamas
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El viento azotó su rostro, pero esta vez no sintió el frío. Sintió algo más. Esperanza.
El silencio de la mansión era engañoso. Callum se sentó en el borde de la cama, los codos apoyados en las rodillas y la mirada clavada en la puerta cerrada con llave. Su familia lo tenía atrapado aquí, como un prisionero dentro de su propia casa. Pero esta noche, todo cambiaría.
Un leve "clic" en la cerradura lo hizo ponerse de pie. La puerta se abrió lentamente y una figura alta y oscura entró sin hac