289. La sangre de los enemigos
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Callum estaba solo en el balcón, sosteniendo un vaso de cristal corto con su líquido ambarino puro, disfrutando de la frialdad del vidrio contra su piel. El silencio de la noche envolvía la mansión, permitiéndole un momento de calma entre el caos de su mente. Sin embargo, ese respiro no duró mucho.
Escuchó pasos acompasados acercándose a su espalda. No necesitó girarse para saber de quién se trataba. Aun así, lo hizo lentamente, enfrentándose a la sonrisa calculada de su padre. Cale estaba