285. En cacería
La lluvia golpeaba suavemente el ventanal, cada gota deslizándose con lentitud por el cristal. Callum Rutland estaba sentado en su sillón favorito, con la mirada perdida en el paisaje gris. Su mente, sin embargo, estaba lejos de la tormenta.
Había recuperado la memoria.
Las primeras semanas habían sido confusas, con recuerdos fragmentados que llegaban como ráfagas sueltas. Pero con el tiempo, todo encajó. Ahora lo sabía: su mano derecha lo había traicionado, Arabella trataba a su hijo con la