271. Traslado al infierno
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El sótano era oscuro y húmedo, con el eco de cada gota de agua cayendo desde una tubería rota. Maximiliano estaba sentado en una esquina, las muñecas sujetas con cadenas al muro. Había aprendido a conservar su energía, observando y esperando el momento adecuado para actuar, pero sabía que esta noche sería diferente.
Sebastián entró acompañado de dos hombres fornidos. Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro al ver a Maximiliano.
—Espero que hayas descansado bien, Max. Hoy es tu gran noche