272. La multitud Ruge
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Maximiliano apretó los puños. No era momento de pensar en las probabilidades. No era momento de dudar. Su mente estaba clara, enfocada solo en una cosa: sobrevivir.
Boris, por su parte, parecía encantado con la atención. Levantó los brazos, recibiendo los vítores como si ya hubiera ganado.
—Es hora de pelear —gruñó Boris, y la multitud enloqueció, animándolo con cánticos y gritos.
Maximiliano inhaló profundamente, preparándose para el golpe inevitable. Pero en el fondo de su mente, entr