237. Aceptando el chantaje
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Julieta
Mi cuerpo temblaba y sentía que cada palabra que él decía apretaba más la soga alrededor de mi cuello. La desesperación me dominaba, y mi mente era un torbellino de pensamientos caóticos que no podía controlar.
—¡No! —grité, tratando de sonar firme. Respiré hondo, cerrando los ojos para mantenerme en pie. Las lágrimas quemaban mis mejillas mientras las palabras escapaban de mis labios. —Está bien… me iré contigo.
Del otro lado de la línea, escuché una risita baja y burlona. La ma