235. La espera y las mentiras
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Isabel estaba sentada en la fría celda, con la cabeza entre las manos. Su cuerpo temblaba, pero no por el frío, sino por la impotencia que sentía. Todo esto era demasiado para ella, y depender tanto de Julieta para salir de esa situación la hacía sentirse aún peor.
—Me siento tan patética —murmuró para sí misma, dejando escapar un suspiro.
De repente, una voz masculina la sacó de sus pensamientos.
—¿Isabel?
Ella levantó la cabeza rápidamente, reconociendo la voz al instante. Frente a el