206. Un portazo
206
La tensión en el comedor era palpable, como si cada palabra que se dijera pudiera hacer explotar el ambiente en mil pedazos. Brigitte estaba de pie, furiosa, con los ojos encendidos de indignación mientras señalaba con vehemencia a su suegro.
—¡Suegro, por favor! Tiene que entrar en razón. ¿Cómo le va a dejar todo a esa maldita mujer? —se quejaba una y otra vez, con la voz cargada de reproche.
Anthony, sin levantar la mirada de su plato, untaba mantequilla en su pan con una paciencia