180. Un Tomás en tu vida
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—Hola —dijo con voz pequeña, sintiéndose perdida.
Se preguntó que hacía aquí… tal vez ni quiera verla.
—Señorita Beaumont… —murmuró, claramente sorprendido— ¿Cómo está?
—Perdón por interrumpir —dijo Julieta, jugando con los bordes de la bata mientras trataba de no mirar directamente a su torso—. Sólo quería… agradecerle por salvarme la vida. Estoy bien gracias a usted —sus ojos se llenaron de lágrimas de verlo pasando dolor por su culpa.
Una sonrisa suave se dibujó en el rostro de Sebas