164. Jamás te odiaría
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Sala de parto.
La sala estaba envuelta en una tensión palpable, solo interrumpida por los quejidos de la embarazada mientras hacía su último esfuerzo. Tomás apretaba con fuerza la mano de su amiga, su rostro lleno de preocupación. Había perdido la cuenta de cuántas veces le había dicho que respirara, que aguantara un poco más, que lo lograra por su hija. Pero Julieta estaba exhausta, su cuerpo temblaba de puro esfuerzo.
—No puedo más, no quiere… salir —solloza de impotencia.
—Viene o