142. Cena y exigencias
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El cuarto de Julieta era oscuro y silencioso, una jaula lujosa pero sin vida. Habían pasado varios días desde que la habían traído aquí, y la monotonía, junto con el aislamiento, comenzaba a desgastarla. Julieta sentía su paciencia agotarse y la necesidad de encontrar una salida, pero, con cada intento de resistencia, la vigilancia a su alrededor solo se hacía más fuerte.
Esa tarde, mientras se mantenía despierta en la penumbra, oyó el sonido pesado de la puerta abriéndose. Entró la mujer