114. Disculpas
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Julieta recién estrenaba casa cuando Tomás llegó a su puerta, aún no habían comprado los muebles de todas las habitaciones, pero y tenían dos habitaciones listas que eran las que usaban Max y ella. Pero eso no le impidió sentir alegría cuando vio su mejor amigo y un hombre de cabello castaño rojizo y ojos marrones claros fríos.
—¡Sorpresa! —grita Tomás de alegría.
—Santo bacalao, ¡estás vivo! —Exclama Julieta lanzándose en sus brazos— no vuelvas a asustarme de esa manera.
La mirada de F