111. Desestabilizarlo
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Se levantó de la silla con movimientos lentos, todavía asimilando la noticia.
—Está bien —dijo en voz baja, incapaz de sostenerle la mirada por más tiempo—. Iré a prepararme.
Julieta no respondió, solo lo observó marcharse con paso cansado hacia su habitación. Cuando él desapareció por el pasillo, ella soltó un suspiro largo y profundo. No había sido fácil tomar esta decisión, y aunque el dolor seguía presente en su corazón, sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. No podía dejar