El espacio interior del helicóptero era limitado, y Cira se encogía en el asiento, temblando de frío y estornudando constantemente.
Gerardo le pidió a Sandra que trajera una manta y la envolvió alrededor de Cira, diciendo: —Aquí no hay ropa para cambiarse, aguanta un poco más, ya casi llegamos.
Cira levantó la cabeza, su rostro lavado por la lluvia era pálido, limpio y sin defectos.
—¿Vamos a irnos así? ¿No vas a rescatar a tu subordinado?
Gerardo apartó su cabello hacia atrás y susurró: —Morgan