—Isabel, eres abogada, deberías saber que algunas palabras pueden acarrear responsabilidad legal —dijo Francisco con calma.
—Estabas borracha, vomitaste por todo el cuerpo, no sé dónde vives, la oficina de abogados ya cerró, así que tuve que llevarte al hotel para descansar. No hice nada, incluso pedí al servicio que te cambiara la ropa, todo de manera adecuada.
Isabel, enojada, dijo: —¡Yo no estaba borracha en absoluto! ¡Fue porque me drogaste!
Francisco respondió: —Las personas ebrias nunca ad