Después de colgar el teléfono, Enrique se disponía a salir cuando escuchó de repente un grito detrás de él: —Enrique.
Enrique, sin querer que se notara algo, reprimió la hostilidad que lo rodeaba, se dio la vuelta y miró a su madre con indiferencia. La llamó despreocupadamente: —Mamá.
La madre de Enrique, insatisfecha, le preguntó: —Tu abuela aún no ha ido a descansar. ¿A dónde crees que vas?
Enrique, con una sudadera negra con capucha y las manos en los bolsillos, parecía estar de pie de manera