El rostro de Sofia se volvía cada vez más pálido, y Cira, temiendo que se desmayara, soltó el arco.
Lidia también soltó el cuello de Sofia y se sentó despreocupadamente en el banco.
Sofia sintió las piernas débiles, casi cayó al suelo. Con odio, miró a las dos mujeres y dijo: —Yo… yo... cuando Osiel regrese, ¡definitivamente se lo contaré!
Cira y Lidia le respondieron indiferentes: —Como quieras.
Sofia quería hacer algo, pero frente a estos dos rostros hermosos, no pudo hacer nada. Al final, con