La oferta sorpresa de la prometida 5

—Se daría cuenta enseguida de que pasó algo entre nosotros. Y no sería nada bueno, para ninguno de los dos. Lo más probable es que te despida a ti, usando como excusa que te tomaste la noche libre, y luego haría todo lo que estuviera en su mano para destruirme a mí. Esa mujer es una depredadora...

—Eso no parece dejarnos muchas opciones, ¿verdad? —Esta vez fue el turno de Alice para suspirar. Soltó una gran bocanada de aire, dándose cuenta de lo frustrada que estaba al saber que Asher realmente la quería y que ella no había sido solo una muesca más en su cinturón.

—No muchas... Julia ya está organizando nuestro encuentro. No voy a obligarte a nada, Alice; al final, siempre será tu decisión si quieres esto o no.

—Está bien. Lo haré. —Alice se sentía confundida ante la perspectiva de estar con dos personas a la vez, especialmente dadas las circunstancias, pero no pudo evitar sentir un cosquilleo de excitación al saber que iba a suceder.

—¿De verdad? No tienes por qué, Alice... —Asher sonaba desconcertado de que ella todavía quisiera formar parte de algo tan complicado.

—No, ¿sabes qué? De hecho, quiero hacerlo. —Alice sentía que sus bragas se humedecían cada vez más a medida que su mente empezaba a divagar con la idea de Asher y Julia recorriendo todo su cuerpo.

—¿Ah, sí? —Asher sonaba gratamente sorprendido.

—Sí. Quiero. Julia no puede ser tan mala, pareció agradable cuando fuimos a tomar algo; pero si es tan temible como dices, no quiero ponerme de su lado malo.

Lo que Alice no confesó, sin embargo, fue que tenía ganas de darle a Asher un poco de su propia medicina. Si él la quería tanto como decía y no deseaba compartirla con nadie más, ahora tendría la oportunidad de entender cómo se sintió ella al descubrir que tenía una prometida.

—Está bien, Alice. Lo que tú quieras. —Asher sonaba derrotado, pero no tenía otra opción; tal como él mismo había dicho, Julia lo tenía agarrado por los huevos en este asunto.

Alice oyó un pitido en la línea y miró la pantalla: era otra llamada entrante, nada menos que de Julia.

—Mira, tengo que colgar, Asher. Me llama Julia.

—Aquí vamos... Vale, está bien. Nos vemos pronto, supongo. —Asher colgó antes de que ella pudiera decir nada más y Alice atendió la otra línea.

—¿Hola?

—Hola, Alice, soy Julia. ¿Cómo estás, querida? —La voz de Julia destilaba insinuaciones sexuales.

—Bien, ¿y tú?

—Maravillosamente. Como te mencioné durante nuestra pequeña... charla de anoche, he hablado con Asher y, por supuesto, está interesado en nuestro arreglo; tal como yo sabía que estaría.

—Ah, de acuerdo entonces. —Alice se sentía algo incómoda y la culpa hacía que se le revolviera un poco el estómago.

—Sí. Así que he reservado una habitación de hotel para nosotros mañana por la noche, en el Hilton cerca de Central, ¿lo conoces?

—Sí, lo conozco. —El corazón de Alice empezó a latir con fuerza mientras la culpa cedía paso a la excitación una vez más.

—Bien. Reúnete con nosotros allí, en la habitación 1207, mañana a las ocho de la tarde. Ponte algo sexy, Alice. ¿Entendido? —Julia era todo negocios y control; dominaba la conversación manteniéndola breve y directa.

—Sí, habitación 1207 a las ocho... y no te preocupes, Julia, me pondré algo sexy. —Alice notó que su propia voz se volvía tan ronca como la de Julia y se sorprendió de su propia capacidad para sonar como una auténtica zorra seductora.

—No puedo esperar para verlo... Ciao, querida. —Julia colgó, dejando a Alice con el corazón acelerado y las bragas goteando de anticipación por la noche de mañana.

Alice pasó la tarde del día siguiente comprando algo provocativo para llevar al hotel. Volvió a la tienda erótica de la mujer extraña y se sorprendió a sí misma admirando con interés los diversos juguetes sexuales que tenían expuestos. Esta vez se sentía más salvaje y curiosa, preguntándole a la empleada cómo funcionaban los distintos aparatos. Hubo uno en particular que captó su atención. Se llamaba "El Cactus" y parecía un machacador de patatas azul.

Alice lo cogió, notando que era de una silicona suave, firme pero flexible. Miró a la mujer de la tienda:

—¿Para qué sirve esto?

—Es un dildo, querida. Es un artículo especial para gente con fetiches de cocina. Imita a un machacador de patatas, ¡pero jamás lo usarías para machacar nada! Lo único que vas a follar con esto es a alguien —dijo la mujer con complicidad, y añadió—: ¡Y hace maravillas!

—Vaya... mmm... —Alice admiró distraídamente el dildo y luego lo puso sobre el mostrador—. Me llevaré este, pero también busco un conjunto sexy para una ocasión especial esta noche.

—¿Algo como el corsé que te llevaste la última vez? —La mujer tenía una memoria excelente.

—Sí, pero algo aún más sexy. Enséñame lo que tengas.

La mujer llevó a Alice a una zona de la tienda que aún no había explorado y empezó a mostrarle conjuntos realmente atrevidos. Había corsés de cuero y bustiers con hebillas y encaje; maniquís con medias de liga hasta el muslo y bragas sin entrepierna, con pequeñas pegatinas tapando los pezones; incluso cajas con minúsculos atuendos de un solo uso.

Alice se quedó admirando un body de encaje de una pieza en uno de los maniquís, y la mujer le preguntó si quería probárselo. Alice asintió y la llevaron al probador. El minúsculo conjunto era como un bañador de una pieza, salvo que las partes de encaje que cubrían sus pechos bajaban muchísimo por el escote, haciendo que sus senos resaltaran y presionando con fuerza contra sus pezones. Al ponérselo, se dio cuenta de que no tenía entrepierna; los bordes del encaje abrazaban sus labios vaginales con fuerza y, al bajar la mano para tocarse, sintió que se humedecía por segundos. Definitivamente, quería ponerse eso esta noche.

Se cambió de nuevo a su ropa normal y fue a la caja. Pagó su nuevo juguete y el conjunto extremadamente sexy, y se fue a casa con una sonrisa de suficiencia, preparándose para su primer trío.

Faltaban cinco minutos para las ocho cuando el taxi se detuvo frente al Hilton. Alice se bajó luciendo un sensual vestido azul marino que se ceñía a cada centímetro de su cuerpo, ocultando el conjunto provocativo que llevaba debajo. Entró en el hotel y pasó de largo de la recepción, dirigiéndose directamente al ascensor para subir a la planta doce.

Cuando el ascensor se detuvo, Alice salió al pasillo con el corazón palpitando de anticipación. Había escondido el juguete "Cactus" en su bolso y solo ahora empezaba a ponerse nerviosa ante la idea de sacarlo para usarlo. Pero por cada pizca de nerviosismo que sentía, había diez veces más de excitación. Siguió las señales hasta la habitación 1207 y llamó a la puerta.

Asher abrió y la miró con admiración, recorriendo con los ojos cada curva de su cuerpo bajo el vestido; su larga melena oscura caía en suaves y voluptuosas ondas y el aroma a Dior embriagaba su olfato.

—Estás... increíble.

—Gracias. —Alice entró y se dio cuenta de que la habitación era una suite, con una sala de estar y un dormitorio aparte. No vio a Julia por ninguna parte—. ¿Dónde está Julia?

—Ha salido un momento a por hielo. —Asher no podía quitarle los ojos de encima.

—Ah... entiendo... ¿Asher? —Alice se sintió tímida de repente, pero quería enseñarle lo que había comprado antes de que Julia volviera. Por alguna razón, parecía más fácil mostrárselo a una sola persona que a dos.

—¿Sí?

—He traído algo para esta noche... no sé si te gustará. —Alice metió la mano en el bolso y sacó la bolsa negra que contenía el "Cactus"—. Se supone que imita un utensilio de cocina, pero en realidad es un juguete sexual... —Alice forcejeó un poco con la bolsa mientras intentaba sacar el dildo.

Justo cuando consiguió sacarlo al aire, la puerta crujió y Julia entró con una cubeta de hielo. Alice se quedó petrificada con el dildo azul en la mano.

—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? ¿Intentando empezar la fiesta sin mí? —Julia les lanzó una mirada cargada de sensualidad a ambos, entró en la habitación y dejó el hielo sobre la mesa.

—¡Oh, qué divertido! He visto estos antes. —Julia se acercó a Alice y le quitó el dildo de la mano—. Son para juegos eróticos de cocina, ¿no es así, Alice?

—Sí, exacto —dijo Alice, saliendo de su parálisis—. La mujer de la tienda dijo que imita a un machacador de patatas, pero que es un dildo.

De pronto, Alice se sintió estúpida explicándoles el juguete; era obvio que ambos tenían experiencia y probablemente habrían usado muchos juguetes en sus juegos. Después de lo que Asher le había hecho en la cocina del restaurante, solo podía imaginar qué habrían experimentado Julia y él en esa misma cocina...

—¡Fantástico! Me encanta. ¿A que te encanta, Asher, cariño? —dijo Julia con voz pastosa mientras golpeaba ligeramente el dildo contra la palma de su mano.

—Es perfecto. —Asher se estaba poniendo en situación; Alice lo notaba por la mirada cargada de morbo que les dedicaba a las dos—. Que empiece el espectáculo entonces, querida.

Julia dio un paso hacia Alice y le acarició la cara con las manos. Rozando su mejilla con delicadeza, le murmuró seductoramente:

—¿Estás lista para el mejor momento de tu vida, Alice?

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