Rhia se metió los dedos en su enredado cabello negro y tiró con frustración. Resistió la tentación de gritar. La competencia en la que estaba a punto de participar determinaría su futuro. Nunca había estado tan nerviosa en su vida, ni siquiera cuando se mudó sola de Londres, Inglaterra, a Lansing, Michigan, con apenas unos pocos dólares. Se miró en el espejo empañado del baño del hotel, intentando arreglar su rebelde cabello negro para que luciera presentable bajo el gorro de chef blanco que de