Reclamado por el alfa, arruinado por tu amor [Boys Love]
Reclamado por el alfa, arruinado por tu amor [Boys Love]
Por: Jessisaylu
Capítulo 1. El enemigo de mi padre.

Adrian

Cuando sus manos presionaron mi cuello no reacciono con miedo, sonrió de forma provocativa, observando sus ojos grises en medio de la oscuridad.

—¿Entonces planeas matarme? —pregunto a pesar de que el aire comienza a escapar de mis pulmones.

—Cierra la boca —me calla el alfa que está sobre mi cuerpo, mirándome con rabia pura en sus ojos.

—Eso no es lo que decias anoche… Te encantaba que hablara, gimiendo tu nombre y lo mucho que me gustaba sentir tu polla destrozando mi agujero.

Al decir esas palabras provocativas, observó un dejo de deseo en su mirada, pero intentando controlarse Silas se aparta de mi lado, frotando sus sienes de forma tensa, como si no pudiera con la situación.

—Quién lo hubiera pensado, que el gran alfa Silas Sterling, líder de la manada Ironhowl, estaba desesperado por volver a meterse en mi agujero… —continuo tentando al alfa frente a mi.

—¡Te dije que cerraras la boca!

Por un instante tengo miedo de verdad, ya que uno de los puños de Silas Sterling se estrella contra la superficie de madera en la cual me encuentro acostado. Creo que fui demasiado lejos, si va a golpearme esta vez.

Sin embargo al acercarse a mi rostro, con esa expresión furiosa y la respiración agitada, Silas no me golpea, toma mi cuello nuevamente con una de sus manos y me besa los labios, de una forma tan apasionada que me deja sin aliento.

Lo confirmo, él me desea…

Poniendo mis manos en sus hombros, suelto un suspiro de placer cuando la lengua de Silas entra en mi boca, ya que sus besos son tan buenos que consiguen excitarme en solo un segundo. En esta posición tan cercana no pierdo la oportunidad y abro las piernas, acercando mi trasero a su entrepierna, sintiendo a través de la delgada tela de sus pantalones una dura erección que me hace desearlo aún más.

—Eres una maldita perra omega… —gruñe Silas, con la voz ronca por la excitación— Te la pasas por ahí, tentando a todos los alfas con esas bonitas nalgas y tu sonrisa coqueta…

—¿Eso te molesta? Creí que te gustaba que fuera un poco perra contigo…

—No tientes a tu suerte, señorito Oakheart.

—¿Por qué no debería? Si se enfada conmigo, ¿Planea regresar a la fiesta? ¿Con esta cosa tan dura entre las piernas para que mi padre lo vea?

Comienzo a mover las caderas, rozando la dura hombria de Silas contra mi sexo, algo que lo hace gemir y a mi suspirar, se que él desea tanto como yo volver a hacerlo, quiere disfrutar de mi cuerpo y yo de su hombria.

Sacando una risita de mis labios, Silas toma mis pantalones y prácticamente los rompe para bajarlos, dejándome en mi ropa interior. Yo también estoy excitado, es inevitable al estar frente a un alfa tan guapo, cuyas feromonas me vuelven loco y que tiene una polla tan enorme que me hace temblar del deseo.

Por lo que jadeo cuando una de las manos de Silas entra en mi ropa interior, acariciando mi sexo con suavidad, algo que me hace temblar por lo deseoso que estoy.

—Tentando a todos con tus feromonas y este bonito culo, ¿Que diría tu padre si te viera ahora? —cuestiona Silas, haciéndome reír, pues es la misma pregunta que yo le hice hace solo un momento.

—No lo sé alfa Sterling, usted ha intentado acabar con la vida de mi padre por más de 20 años, ¿No debería conocerlo mejor que yo?

Creo que mis palabras provocativas respecto a nuestra complicada relación “familiar” causan el efecto contrario al que deseaba, por lo que volviendo a mirarme con dureza, Silas retira su mano de mi ropa interior y me empuja con violencia contra el escritorio, sacando un quejido de mis labios.

—Eres un pecado, una tentación oscura que debo eliminar —exclamó Silas apartándose de mí.

—¿Soy una tentación? ¿En serio? Suenas como un anciano al decir eso… —me burlo de él.

—Este anciano te hizo venirte varias veces anoche, ¿Me equivoco?

Supongo que Silas tiene un punto, por lo que simplemente prefiero sonreir con incomodidad, mirando a ese alfa de manera desafiante.

—Lo que pasó entre nosotros olvídalo, no tengo más interés en seguir con tus juegos —me advierte el alfa de la misma forma fría.

—¿Por qué? ¿Asustado por lo que podría opinar mi papá o mi manada al respecto?

—Yo no le tengo miedo a tu manada…

—¿No? Pero viniste como un cachorro asustado detrás de mí cuando te amenacé con decirle la verdad a todos, para luego terminar entre mis piernas sobre el lugar donde mi padre trabaja todos los días.

—No estoy jugando contigo, cachorro de la manada Grayfang, mantén tu bonito trasero alejado de mí o te cortaré el cuello con mis dientes.

Tras mirarme de forma tan gélida como el hielo, el alfa Silas Sterling abandona la oficina de mi padre con rapidez, de regreso a la fiesta que mi familia organizó.

—No soy un cachorro, tengo 18 años… —me quejo con molestia.

Después de que ese alfa se marcha, me siento nuevamente en el escritorio y suelto un suspiro de incredulidad mezclado con enfado, ¿Qué rayos estoy haciendo?

Cuando la excitación disminuye y puedo pensar con claridad, observo el escritorio de mi padre completamente revuelto, en medio de documentos y plumas, tomo un marco de una fotografía, en la que se mira a mi en la playa, sonriendo en medio de nuestras últimas vacaciones antes cuando mamá aún estaba viva.

—¿Qué acabo de hacer? —me lamento con culpa.

¿Como pude terminar teniendo sexo con el mayor enemigo de mi familia y mi manada?

Toda mi vida escuché que los miembros de la manada Ironhowl eran bestias aterradoras de las cuales debemos huir, por lo que al conocer a su líder me lo terminé follando, me parece que tiene sentido.

Mi nombre es Adrian Oakheart, hijo menor del alfa Harry Oakheart, perteneciente a la manada Grayfang de Seattle. Al ser la manada regente de un territorio enorme, mi familia y sus aliados hemos tenido muchos enemigos a lo largo de nuestra historia, siendo los Sterling de la manada Ironhowl los más peligrosos.

En más de una ocasión escuché que hubo peleas sangrientas entre los Ironhowl y los Grayfang, tan terribles que mi padre casi muere; cuando era muy pequeño recuerdo a mi difunta madre llorando y maldiciendo a Silas Sterling por casi acabar con la vida de mi padre.

A pesar de que somos hombres lobo “agresivos”, con el paso de los años las tensiones entre ambas manadas fueron disminuyendo, mediante conversaciones y promesas, finalmente se llegó a la paz entre las manadas Ironhowl y Grayfang, una esperada tregua que se celebraría en Seattle, una fiesta que mi padre organizó en una de las mansiones de mi manada, el evento más esperado por los hombres lobo de Washington.

Gracias a ese encuentro conocí al hombre lobo que me hace morir de deseo, Silas Sterling.

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