La casa se asentó en silencio al caer la noche. Solo el leve zumbido de los nuevos monitores de seguridad resonaba desde el ala de invitados. Myla estaba sentada en el borde de la cama de Hayden, pasándose los dedos inquietos por el pelo. No podía concentrarse en el libro que fingía leer. Todo el día, los toques de Beck... esos roces fugaces y deliberados de piel... la habían atormentado.
Y Hayden lo sabía.
Se acercó rodando, sus ojos sin apartarse nunca de su cara. "Has estado nerviosa toda la