Sienna abrió los ojos. Se encontraba en una habitación totalmente extraña para ella; miró a los lados y notó que Aiden estaba allí, aunque con la mirada fija hacia al frente. Ella siguió la dirección de sus ojos y los suyos se abrieron de par en par.
—¿Soy yo? —susurró al contemplar a una mujer idéntica a ella, vestida con un largo ropaje blanco y el cabello suelto adornado por una diadema gris.
—Sí. En una de tus vidas pasadas, pero sí, eres tú —respondió Aiden.
—Mi señora, debemos defendernos