Sienna se acercó a él y le tomó las manos. Su loba había dicho en la sala de juicio que él había encontrado la llama del destino, y ella no entendía por qué Maximiliano lo negaba.
—Escucha, no sé por qué Andrómeda dijo eso… —dijo él, mirándola a los ojos—, pero en todos estos años, aunque la busqué mucho, nunca la encontré.
Sienna frunció el ceño, intentando entender qué pasaba.
—Max, sin la llama del destino… no podré enfrentarme a Circe —susurró con la voz quebrada.
—Yo me enfrentaré a ella —