Sienna despertó en la recámara. La cabeza le daba vueltas, pero las memorias de sus vidas pasadas comenzaron a asentarse poco a poco en su mente. Se sentó en la cama y dirigió la mirada hacia el sofá, donde Maximiliano sostenía a su cachorro en brazos.
No pudo evitar sonreír ante la imagen. Era la primera vez que lo veía cargándolo y la escena resultaba verdaderamente encantador. Su amada bestia poseía un corazón enorme que había soportado siglos de tormento, y en parte ella no podía evitar sen