—¿Cómo estas mi Luna? —le preguntó Edwan mirando su rostro que estaban entre sus manos.
—Bien, ¿tú cómo estás? —le preguntó revisando el cuello que solo había dejado las marcas de la sangre que había resbalado de la pequeña herida que le había hecho la perra de Nathalie.
—Yo estoy bien, no te preocupes, ya la herida sanó, fuiste muy valiente…
—Lo fui por ti —se puso de puntillas para dejar un beso en sus labios, al terminar escucharon el gruñir de un lobo, Edwan se movió dejando detrás de él a