JULIÁN
Cuando mi pie atravesó mi puerta, una lujuria abrumadora comenzó a correr desenfrenada, y mi polla fue alimentada por los sutiles indicios de su excitación que se arremolinaban en el aire. Mis garras se alargan, deslizándose a través de la tela endeble de su vestido sin resistencia. Su piel lechosa brilla en esta habitación con poca luz, llamándome como un faro mientras mi lengua explora su boca a través de sus sutiles gemidos.
Mis manos la exploran frenéticamente como si fuera la última