Elara
En algún momento de la noche, la opresión en mi pecho se aflojó un poco, permitiéndome respirar mejor y moverme.
Primero esperé un par de segundos para ver si era casualidad, pero después de unos minutos, intenté moverme y lo logré.
Con un suspiro de alivio, me incorporé, probando mis pies en el suelo antes de incorporarme.
Luego, tras tantear, me acerqué a la pared, apretándome contra la fría y húmeda pared de mi celda, con todos los músculos tensos y todos los sentidos alerta.
Agucé el