Capítulo 36

Elar​a

En algún momento de la noche, la opresión en mi pecho se aflojó un poco, permitiéndome respirar mejor y moverme.

Primero esperé un par de segundos para ver si era casualidad, pero después de unos minutos, intenté moverme y lo logré.

Con un suspiro de alivio, me incorporé, probando mis pies en el suelo antes de incorporarme.

Luego, tras tantear, me acerqué a la pared, apretándome contra la fría y húmeda pared de mi celda, con todos los músculos tensos y todos los sentidos alerta.

Agucé el oído, captando los sonidos más tenues más allá de la barrera mágica que reprimía a mi lobo. Pasos, murmullos, el ocasional choque de metales... cada uno me producía un escalofrío.

El corazón me latía con fuerza al darme cuenta de que las voces no eran las de los guardias de la manada ni las de la patrulla habitual. Eran nuevas, desconocidas, y su tono cargaba el peso del triunfo.

Oía la risa de Freya, rica y cruel, recorriendo la habitación como una melodía venenosa.

Su voz resonó por los pasil
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