—Yo debería ser quien te haga esa pregunta —dijo una voz femenina y joven desde la oscuridad.
Así que era una chica.
La linterna seguía apuntando directo a mi rostro, lo que me dificultaba verla con claridad, pero me di cuenta de que tenía más o menos mi edad. Ni siquiera me molesté en dar un paso atrás; al contrario, caminé hacia adelante hasta quedar a solo unos pasos de ella.
—No te acerques más o… —advirtió.
—¿O qué? ¿Qué me vas a hacer? —la interrumpí, cruzándome de brazos. Había crecido c